miércoles, 2 de enero de 2013

Balance comienzo 2013

No, no penséis que me he vuelto loca por el título de este post, a dos días del presente año ya puedo hacer un balance del mismo ¿Por qué? porque me lo estoy tomando de otra forma y de verdad que se nota muchíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo.

Para ser más exactos, la diferencia entre 2012 y 2013 es tan sólo de un centímetro. Si tenéis paciencia os cuento el por qué.

La cena de Nochevieja la pasamos en casa de mis padres y quería embarcar a todos en mi empeño de hacer del 2013 por fin un buen año, o al menos afrontarlo con mejor cara, empezando por mi misma.
Quería tener un detalle con los presentes en la cena, ya que gracias a ellos he superado el 2012, pero me topé con la primera dificultad...
¿Que ando escasa de recursos económicos? Pues a darle vueltas al coco y voilá

Preparé un par de tarjetitas (versión femenina y masculina, no veo yo mucho a mis chicos con el rosita) deseando que este sea nuestro año y otra en la que anotar propósitos reales a los que comprometernos este año (se trata de un detalle en dos episodios, ya os enseñaré la segunda parte) y una chapa divina para recordarnos ¡¡¡que este año lo vamos a coger de frente y con más ganas!!!







La cena, como siempre, MARAVILLOSA. Mi madre tiene unas manos para la cocina expléndidas, lástima que a mi me de alergia cocinar porque tengo bueno genes. Todos con nuestras chapitas monísimas.

Llega la hora de tomarse las uvas y mira tú por donde no las vimos en la 1, como hacemos siempre, se dejó Antena 3, que era la que estaba puesta. ¿Por qué os cuento esto? Porque a la señorita Paula Vazquez se le rompió el vestido un minuto antes de las 00:00 h, con el consiguiente revuelo de ¡ay dios mío que se me van a ver las lolas!, que entre la sastra a arreglar esto... Mientras tanto imágenes de la gente en la puerta del Sol, y sin darnos cuenta, enfocan al reloj y ya habían comenzado las campanadas!!!
Así que como locos procedemos al ritual anual de no atragantarnos. Cuando vi las uvas agradecí su tamaño porque siempre acabo al borde del colapso, pero en cuanto tomé la primera supe que eran UVAS TRAMPA!!! Tenían unas pepitas del tamaño de higos chumbos!!! Fue un auténtico show, casi todos íbamos descompasados con las uvas (de hecho yo en la última campanada me tuve que tomar dos), felicitando el año a mi familia y novio como si fuera un hamster..., con una bola de pepitas y piel durísima de uva que no había quien se lo tragara..., pues eso que un caos, como siempre, pero muy divertido.

Salimos a tomar algo cerquita de casa, porque aún sigo con el dedo del pinrel (me encanta esta palabra) roto. Esto conllevará que el día 10 cuando me vaya a controlar el INR lo tendré un poco a su bola y la enfermera se pondrá de morros, pero ¡¡¡un día es un día!!!

Bueno, pues a lo que iba, que me he ido por las ramas que no veas. Como bebimos, nos quedamos a dormir en casa de mis padres y al día siguiente nos disponíamos a volver a nuestra casita a descansar. Teníamos el coche en la plaza de garaje (o "garage" que es como lo han escrito en el aparcamiento comunitario de nuestra casa, hay que joerse) de mi padre. Para que os hagáis a la idea de lo que ocurrió y meteros en situación, he de decir que ¡¡¡¡ADORO MI COCHE!!!!, bueno, nuestro, que también es de David. Es de lo mejor que me pasó el año pasado (esta ya es otra historia).
El caso es que la plaza de mi padre se encuentra debajo de la rampa de acceso por lo que hay un tramo en el que la altura de cabezada (para algo me ha servido la carrera, ouh yeah) es muy bajita y la puerta del maletero de mi amadísimo Toyota Aygo es de C R I S T A L !!!!



Casi me infarto cuando veo que David abre alegremente el maletero y deja que la puerta suba de forma automática con toda su potencia, yendo directita contra el techo. En un segundo vi mi futura vida pasar, si si mi futura. Me vi llorando, haciendo cábalas para ver de donde sacaba el dinero para arreglar el portón (nuestro seguro es a terceros, pero por poco tiempo que es un sin vivir), maldiciendo el comienzo de año... 
FATAL, fue un segundo horroroso! pero mira por donde ya no estábamos en 2012, así que el portón de cristal del maletero se quedó a un escaso centímetro de darse el porrazo de su vida. Nerviosica perdida miro a David y me suelta: 
"Esta es la diferencia entre 2012 y 2013, un centímetro".
Efectivamente, así es, comenzamos el año con un ataque de risa, de esos purificadores, de los que te limpian el alma de arriba a abajo.

Así que ya puedo decir que el balance de este comienzo es más que positivo, ya que me he propuesto trabajar duro para atraer a la buena suerte.








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